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¿QUE EFECTOS TENDRÁ LA CRISIS ECONÓMICA EN EL ROCK ESTATAL?

 

Es evidente el descenso de asistencia de público a los conciertos.

 

 

La creciente crisis económica esta actuando como un tsunami de consecuencias impredecibles en el mundo el rock y de la música en general, asolando a su paso  una industria que ya de por si era muy vulnerable e inestable. El sueño utópico y hermoso de que el rock es solo música y pasión, ideas grandiosas que cambiarían nuestras vidas, se metamorfoseo en un discurso casi ideológico de corte revolucionario, con el que nos lanzamos a cambiar el mundo a base de acordes. Sin embargo, estamos comprobando que, aunque las ideas son imprescindibles para potenciar nuestros sueños, nuestra dignidad humana, y nuestra rebeldía comunitaria, a veces, la realidad nos muestra una imagen que no queríamos ver con nitidez. El rock es una cultura, pero también, es un negocio. Y, generalmente, los negocios se montan para ser rentables. Una banda se monta para vender conciertos. Una revista, se monta para vender ejemplares. Una discográfica, se monta para vender discos. Esta es la obviedad. Hay dos clases de negocios: aquellos que se crean para especular y para amasar grandes sumas de dinero como único objetivo, y aquellos que se crean como un proyecto de continuidad basado en la rentabilidad, y sobre todo, sustentado en la consecución de propósitos que se van haciendo realidad, obteniendo a cambio el progreso.

Muchos grandes festivales han desaparecido.

Cuando uno traspasa la línea fronteriza que separa  al  aficionado y devoto del rock, del trabajador de la industria del rock, y se sitúa al otro lado, en el backstage, comienza  a ver nítidamente la imagen realista que hasta entonces no conocía. Detrás del decorado, del atrezzo grandioso, hay un mundo por descubrir que no siempre es tan idílico. Y es solo entonces cuando comprueba que una banda de rock esta estructurada, lógica y organizativamente,  como una empresa, que si es efectiva, avanza y puede generar beneficios. Y como no, generar continuidad, riqueza, puestos de trabajo. Una empresa que esta en el mercado, presionada por la competencia, que depende de la oferta y de la demanda, que esta mediatizada por las coyunturas comerciales, y que si no rentabiliza su actividad, esta abocada irremediablemente al fracaso. Muy pocos de los que están al otro lado del backstage tienen conocimiento de esta realidad, ni tampoco lo valoran. Solo aquellos que consideran el rock como una parte de sus propias vidas, y que encuentran en  las giras, y en todo lo que conlleva este negocio, la razón para sentirse realimente vivos y dichosos, son capaces de aguantar la presión de los años de carretera. Yo los llamo, músicos vocacionales. Se requieren grandes dosis de autenticidad, de pasión, de entereza y de dignidad. Muchos son los que tienen demasiada prisa por pisar territorios de gloria, y maldicen las condiciones y los azotes del destino. Muchos son los que con un mínimo esfuerzo, quieren sentarse a la mesa de los grandes del rock. Muchos son los que se consideran rock stars y reclaman su parte de gloria sin haber atravesado su desierto personal.

La experiencia me ha demostrado que solo aquellas bandas que saben perdurar al paso del tiempo, llegan a conocer el éxito, siquiera sea en alguna de sus formas de manifestación. Aquellos músicos que saben sostenerse a los envites, que sienten su arte con verdadera pasión y convencimiento, son los que alcanzan un día su recompensa. Es un camino duro, y a veces, inhumano, insufrible, y muchos deciden quedarse en el camino. En realidad, el componente económico tiene mucha culpa de los desmayos profesionales. Aguantar muchos años con ingresos bajos, teniendo que autofinanciarse, esquivando reveses, colmando gastos y despropósitos, puede llegar ha convertirse en un suplicio.

Se prevee que casi un 30% de bandas de rock desaparecerá por la crisis económica.

 

 

 

Esta crisis quizá pueda tener un componente positivo: el terapéutico. Es decir, va a posibilitar el saneamiento, la desaparición de muchas bandas formadas únicamente al amparo del ocio, la afición y el divertimento. No soy  yo quien para criticar el deseo de formar un grupo y tocar en directo. Pero creo que estoy en condiciones de manifestar que los proyectos serios, basados en la calidad y en la originalidad merecen todo el crédito. Hasta ahora, con la bonanza económica, ha sido muy relativamente sencillo comprar instrumentos y artilugios, pagar alquileres de salas y de locales, y tocar en directo hasta saturar una oferta tan descomunal, que el publico ha decidido descansar del empacho empalagoso. Grupos que tocaban por entretenimiento, cuyo público estaba compuesto, básicamente, por familiares y amigos, y cuyas pretensiones nunca han pasado del pasatiempo y la fiesta.

Quien sabe si el tamiz de la crisis, será capaz de dejar en la superficie solo aquellos proyectos que sean capaces de asumir el riesgo de la lucha fehaciente. Quien sabe si la crisis económica servirá para que agudicemos nuestra imaginación y busquemos alternativas. Quizá nos habíamos acostumbrado al recurso facilón de la venta a las concejalías de cultura de ayuntamientos e instituciones, que resultaban ser un recurso seguro, pero que han acabado por arruinarnos y hundirnos en la miseria. Debemos aprovechar esta ocasión para armarnos de valor y dejar atrás lo superfluo del negocio, ser positivos, eficientes e imaginativos. Ahora, comprendemos el poder del factor económico. Ahora, entendemos esa imagen claramente y la racionalizamos. Recuerdo que en los 80, había un grupo español llamado Charol, que en una de sus canciones decía: “…Sin dinero / ya no hay rock & roll/ Sin dinero no podrías ser estrella rock ‘n’roll / no puedes tampoco entrar ni a un concierto/ sin dinero no coche, no tate, no chicas, /sin dinero…” y remachaban en el estribillo “…que palo/ que palo…”.Entonces se les tomaba a cachondeo por esta frivolidad. Pero ahora, parece que tenían toda la razón del mundo. No obstante, y aunque el dinero posibilita que podamos hacer cosas, y dar forma a los proyectos, no podemos olvidar el contexto emocional del rock, que en realidad, es lo que nos hace sentir su fuerza y su mensaje, y que frente al dinero, nos place y colma de sentimientos y sensaciones. No soy un visionario ni nada por el estilo, y no puedo por tanto vaticinar cual será el futuro del rock después de que el tsumani se retire y quede la devastación  a flor de piel, ni como repararemos las heridas sufridas., Solo sé que he conocido grandes artistas, grandes seres humanos,  grandes voluntades, dispuestas a no dejarse vencer al paso del tiempo, y siguen ahí, a pesar de las criticas, a pesar de los anatemas, soñando con sus propios sueños. No sé si la presente crisis económica servirá para transformar el mundo del rock, para aniquilarlo, o para engrandecerlo. Lo que si sé seguro, es que tendrá efectos evidentes, y seguro que serán aleccionadores.

CHEMA GRANADOS

1 Comment
  1. […] Publicado en ROCKCULTURA por su director CHEMA GRANADOS. […]

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