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AGUR BARRICADA. EL RAYO QUE NO CESA

 

La noticia de la disolución de Barricada ha despertado lamentos, y también, cierto alivio resabiado en los que veían en la formación un escollo para dejar paso a las nuevas generaciones. Nos cogió de sorpresa. En medio de una madrugada oscura. Para mí, particularmente, la desaparición de la banda de Pamplona me toca plenamente el lado más emotivo del corazón. Y al decir esto, me refiero a ese lado donde se ubica la menonia sentimental del ser humano. Un lugar donde se almacenan, ordenadamente, esos recuerdos que tienen un valor de primer orden, y que vamos acumulando a lo largo de nuestra existencia. Porque yo no puedo dejar de asociar una canción con un sentimiento. A veces, sentimiento de furia, de rebeldía, desesperación… a veces, de amor, de ilusión, de piedad… Llamémoslo como se quiera. El caso es que, estos cuatro artistas, y los respectivos miembros que formaron parte de la banda a lo largo de su historia, consiguieron hacernos entender la realidad de nuestra época, consiguieron alertarnos de las incongruencias fatídicas de la sociedad, nos habilitaron para soñar, para pensar por nosotros mismos, y en muchos casos, me consta que a mucha gente les sirvieron como apoyo moral.

 El rocanrol de este país no podrá entenderse sin esta formación, que asumió la popularidad como una carga necesaria para cumplir unos objetivos muy concretos: escupir en la cara de la sociedad toda la inquina y todo el desprecio. Bramar contra las injusticias. Violentar las conciencias aturdidas. Todas sus canciones lo revelan. Toda su trayectoria, intachable, ha sido como un vendaval de emociones que nunca podremos olvidar. Hemos crecido con sus canciones en los barrios, en los garitos noctámbulos. Hemos paladeado el sabor imposible de sus estribillos. Estos hijos del barrio de la Txantrea, nos hicieron libres, nos dieron alas para volar, y nos ofrecieron noches de rocanrol que jamás podremos olvidar. Desde algunos sectores, se ha protestado por la excesiva repercusión mediática de la disolución de Barricada, argumentando que ya lo tenían todo hecho, y que había que dejar paso a las nuevas generaciones. Sí, no les falta razón en el hecho de que hay que ir renovando el panorama. Lo que no se acaba de comprender, es que Barricada nunca habrá más, que su lugar nunca lo va a ocupar nadie, entre otras cosas, porque Barricada solo hay una. Parafraseando el verso inmortal de Miguel Hernández, son el rayo que no cesa, la llamada cálida, el certero aluvión de sentimientos. Su desaparición deja un hueco insólito, una marca indeleble en el álbum fotográfico de la memoria del rock and roll estatal. Tengo que decir aquí que me consta que ha habido muchas lágrimas, muchos desencantos, muchos sollozos después de conocerse la noticia de la desaparición del grupo. Pero también, me gustaría reseñar, que en los anales de la historia del rock & roll de este país siempre tendrán un espacio privilegiado. Ninguna noche de rock & roll ya será la misma. Solo nos quedara un recuerdo inmortal, imperecedero con el que no desesperar, y por supuesto, sus canciones, que siempre se mantendrán vivas para seguir dándonos tantos buenos momentos. Agur Barricada, en nuestros corazones, en nuestras conciencias, siempre estará la imagen indeleble de vuestros rostros empapados en sudor en el fragor del rocanrol. Aúpa Barricada para siempre!

CHEMA GRANADOS

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