BARRI11

BARRICADA + LILITH. FESTIVAL ON ROAD 66. KARTING OLIVA (VALENCIA)

 

 

LA NOCHE DE LOS AFECTOS

 

Fue una noche de afectos, los que brotaban de los músicos con su metralla de sentimientos,  y los que el público recibió como un baño placentero y purificador. No es metafísica, ni teología barata. Fue un concierto a corazón abierto. Una noche que impregnó la fuerza del rocanrol en el hueco profundo de los corazones. Fue como una corriente de vitalidad poderosa, que insufló toda su vorágine de energía, en los que estábamos destinados a sentir la irremediable levedad del ser. El arte de rabiar y de vociferar, a veces tiene estos momentos, en los que se equilibra la cólera con la belleza. La iniciativa de On Road 66, es un proyecto de doce concentraciones moteras a lo largo del año, en las cuales, la simbiosis entre el espíritu motero y  la música tiene un protagonismo de primer orden, auspiciada por promotores valientes que han plantado cara a la crisis con la voluntad de hacer llegar al público lo mejor de nuestro rock. Para esta edición ubicada en Karting de la localidad de Oliva (Valencia) contó con un cartel compuesto por los emergentes Lilith y los veteranos Barricada. Dos iconos del rock, unos como banda de futuro, y otros como banda de referencia.

La noche la abría el incombustible y legendario periodista Vicente Mariskal Romero, quien arengó a los asistentes al evento y no hizo disfrutar con su brillante dialéctica cargada de intención, a la que se sumó el compañero Charly Rock & Roll, también miembro de la plantilla de La Heavy y Mariskal Rock, quien presentó a la banda Lilith. Inmediatamente sonaron los acorde de “Las Hijas De Lilith” y comenzó una de la experiencias más brutales que he experimentado en mi dilata carrera como fanático del rock. Lilith son una banda de rock que arrolla, que te lanza por un vertiginoso conducto hasta el delirio. Casi no es explicable con palabras, porque todo lo que sucede en el escenario, es una sucesión teatral de aptitud pura y dura, de energía vitalista, de histrionismo salvaje. Puedo asegurar, y comprometo mi prestigio como periodista que este país no existe un show de rock con tanta fuerza y tanta energía como el que ofrece Lilith. No en vano han sido los encargados de abrir los shows tan importantes como los de Deep Purple, o los de los australianos AC / DC. Agnes Castaño es una front whoman indecible, un animal de escenario que serpentea entre el humo del espacio como un espíritu irreverente, mascullando, aplicando una gestualidad que le brota de dentro para explicar el contenido de los textos con su elocuencia infinita. Pero es que, además, tanto Albert con su diabólica guitarra, Rafa en la base rítmica y Joan aporreando los parches de su batería, contribuyen con sus enérgicas evoluciones a crear un espectáculo integral, que a veces resulta apabullante, y otras emocionantes. Es un descenso incontrolado a través del ritmo y de los riffs, de las melodías envenenadas y el crepitar de las distorsiones. Repasaron sus dos trabajos publicados, con temas tan emblemáticos como “La Edad De Las Mujeres” “Muñecas” “¿Por qué Te Vas”, “No” , “Dios”, “Guau”, “Pelis Porno” la emblemática “El Amor Duele” , “Rind” y “Adiós”. El punto más álgido de la noche lo protagonizó el dúo entre Agnes y Alfredo Piedrafita cantando a dúo el tema “Olvido”. Un show inolvidable de los que se quedan tatuados en el corazón. Una banda, que obviamente, de haber nacido en USA estarían girando por todo el planeta. Espero que el público sepa apreciar su calidad, su fuerza y su incontestable actitud y les apoye cuando salga su próximo disco “Leche De Rock”, y sobre todo, acuda a sus shows porque nunca los van a olvidar.

Seguidamente, los acordes de “Punto De Mira” comenzaron a sonar y el deliro se hizo luz en los presentes. A estas alturas de la historia, hablar de Barricada es hablar de una especie de seña de identidad, que nos ha ido acompañando a lo largo de tres décadas con sus respectivas generaciones. No son solo un referente, sino un recuerdo constante de vivencias, algo tan profundo y tan íntimo, que cuando estas ante ellos, no puedes digerir la experiencia sino a través del cauce afectivo. No puede ser de otra manera. Cada concierto, es una transfusión en vena de sentimientos y de emociones. No son solamente una banda de rock contestataria, que siente pasión por el ruido, son una parte de tu intimidad, de tu ser interno. Son un vestigio de otras épocas, de las tardes de rocanrol en los bares del barrio, de las noches de delirio etílico mientras amabas a una mujer. Cuantas experiencias nos han infundido sus canciones, y cuantas veces, nos han arropado sus acordes en los momentos más intensos. Así es que cada vez que los ves subidos a un escenario, algo de ti va con ellos. En Oliva ofrecieron un show infinito de casi dos horas y media, con todas las canciones esenciales que componen su trayectoria, incluido su último trabajo. Así pues, no faltaron temas como “Noche de Bar” “Pasión Por El Ruido”, “Por La Libertad” “Contra La Pared”, “EL Trompo”, “Abrir Y Cerrar” “Todos Mirando”, “El Muelle”, “Juegos Ocultos”, “Aguardiente”, “Pídemelo Otra Vez”, “Okupa” “Animal Caliente” o “En Blanco Y Negro”. Todo ello sin tregua, emborrachándose de delirio y rocanrol, atropellando con sus riffs endiablados y su mensaje combativo. Un acelerado movimiento sísmico de energía vitalista. Terminaron con “No Hay Tregua” “Esta Es Una Noche de Rocanrol” y “Flechas Cardinales”. Un orgasmo feliz que nos dejó al remanso de la noche fría y cerrada. La experiencia había concluido una vez más, los focos se apagaron, y el público se marchó deambulando y paladeando el dulce recuerdo del concierto. Luego, en camerinos, despedida y abrazos. Risas y sonrisas. Noche de afectos. Inmortalidad licuada en el corazón.

CHEMA GRANADOS

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