UN MOMENTO DEL CONCIERTO DE LA SALA LIVE!. FOTO: CHEMA GRANADOS

 

Hace más de una década que BENITO KAMELAS consiguen desplegar su particular embrujo cada noche de concierto.  Y de ese sortilegio de otro mundo, de ese fragor emocional, emana una fuerza inverosímil y translucida que flota en ambiente, y que consigue enredar al público en esa tela de araña tejida con emociones. Logran transferir toda su encanto, basado en una sinceridad callejera y real, para convertir la noche en un recuerdo inolvidable. Recalaban en Madrid para presentar su nuevo disco “Buena Energía”, y eso es precisamente lo hicieron, transmitir buen rollo y muy buena energía, esforzándose en hacernos felices con las sencillez de un rocanrol directo, encendido y afectivo, del que son participes también todos los que les siguen desde hace muchos años.

Para la ocasión la banda invitó a DULCE NEUS, una formación de rock singular, que con su último disco “Malabaristas Del Corazón” han conseguido acaparar la atención de todos los medios de comunicación especializados, que han sido unánimes a la hora de reseñarlos como banda revelación. Y doy fe de que se entregaron sobre el escenario con pasión para dejar meridianamente claro que tienen mucho que  de decir, y mucho que aportar también al panorama estatal. Son una banda que suena compacta, milimétrica, y que defienden con fragor su manera de entender el rock en cada compás. El show se abrió con la voz delicada y corpórea de Nieves Luceron a capella interpretando algunas estrofas del primer tema que abriría su set “Alicia En El País De Las Mentiras”. A partir de ahí, se prodigaron en energía, contundencia y alma, para romper el frio inicial de un público escéptico y algo atónito, ante lo  que estaban viendo sobre el escenario: una banda sólida y homogénea que sonaba como un cañonazo. Después de algunas de sus canciones más significativas, como “Duele El Alma”, “Charcos De Barrio” “Viejos Sueños” o “Malviviendo” el público rompió su aislamiento inicial, y se dejó llevar por la magia asombrosa de unas canciones cargadas de emotividad. La comunicación entre emisor y receptor fluyó de manera natural, posibilitando  la complicidad con el público. Una versión de “Maneras De Vivir “de Rosendo culminó este delirio. Con “Las Olvidadas” la única balada del disco, la banda secciono el show para dar paso a otra remesa de buenas canciones y una versión del “Rock & Roll”  de Los led Zeppelin donde José Cuesta realizó un solo de guitarra que arrancó los aplausos del publico. Se despidieron con el single del disco “Nunca Seremos Estrellas Del Rocanrol “no sin antes dejar una inolvidable imagen ante el público de Madrid, que premió su entrega y su genialidad con un encendida ovación.

Con la intro habitual, los músicos de BENITO KAMELAS fueron compareciendo en el escenario, ante un público fuera de si. Y es que un concierto de esta banda, es una orgía emocional que trasciende más allá de un simple concierto de rock. Y esto lo sabe su público. Sabe que va a ser otra de esas noches especiales. No es de extrañar por tanto, que tras los primeros acordes, de “Soy”, y con los tonos graves y engolados de la voz de Quini la sala reviente en un bramido colectivo.  A partir de ese instante serían veinte canciones y veinte mil revoluciones por minuto. “La, La, La”, uno de sus temas más celebrados, dio paso a “Buena Energía” y “Penélope” dos temas de su último disco.

Como es habitual, la banda funciona en escena con enérgica irracionalidad. Dejándose arrastrar por un torrente de sensaciones, y sobre todo, que la música, y su interpretación, sean la llave que abra una puerta a un desconcierto dichoso. Quini es un frotman experimentado, y sabe como conducir al público en cada momento. Mantuvo el tipo en una noche en que la fiebre y la gripe lo agobiaban. “Quisiera” y “He Decidido”, pusieron el contrapunto emocional, y luego, “Sonríe”, “Contra Viento Y Marea”, “Fue Mi Abuelo”, una de las canciones que más han impactado en sus fans.  La sala parecía una olla a presión, y los músicos se aproximaban a la gente para dejarse tocar. Han evolucionado como músicos con el paso del tiempo, y se nota mucho sobre todo en los solos de guitarra, que más allá de ser más o menos técnicos o virtuosos, tiene la impronta de un feeling directo que empapa y se absorbe. Tanto Vicente Tormo como Juan Manuel Burgos “Loko”, han hecho una labor de redefinición de algunos parámetros del sonido, que se me antoja espléndido, y que han funcionado muy bien en este último trabajo. También hubo un hueco para un momento emotivo, ya que tuve la ocasión de subir al escenario para hacer entrega del Premio Rockcultura 2.011 al mejor disco de rocanrol, un premio que fue muy celebrado por el público, y que a nosotros nos produjo especial satisfacción entregarles. No podían faltar los clásicos: “Cocaína” “La Farola” o “Loco”, y como no, “Aquellas Cosas Que Solíamos Hacer” y “Ayer Soñé”. Así es que como cada noche, como cada concierto, y con el aforo de la sala al completo, los Benito dejaban su impronta una vez más. Un sortilegio imposible de desliar, pero que nos acompañara a través del tiempo como un recuerdo imperecedero. La noche terminó con una de esas canciones fundamentales e imposibles, “Valencia Ciudad”, dejando paso al recuerdo. Ese que nunca se pierde aunque la memoria se extinga, porque queda tatuado en el corazón.

CHEMA GRANADOS

 

 

 

 

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