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BURNING. SALA ROCKITCHEN. MADRID

BURNING. SALA ROCKITCHEN. MADRID

10/05/2013

 

 

LA NOCHE EN QUE RENACIERON NUESTROS SENTIMIENTOS

 

Cuántas veces hemos albergado la convicción de que los sentimientos y las experiencias pasadas, se difuminan con el paso implacable de tiempo; que las vivencias anteriormente vividas, son solo recuerdos de una época que ya nunca volverá. Quizá sean solo fotografías dormidas en el álbum de los recuerdos personales. Sin embargo, una noche cualquiera, en una sala cualquiera, una banda de rock & roll, que ha sorteado las inclemencias de este tiempo irreductible, hace valer su corazón y su música, y entonces, prodigiosamente, todos esos sentimientos, todas esas vivencias vuelven a renacer, salen de su crisálida de cristal, y vuelven a sentirse profundamente en el interior. Son dos horas de sudor, baile y rock. Dos horas en los que tiempo no tiene razón de ser, no tiene sentido. Un tiempo, en el que esos sentimientos vuelven a latir. Burning ha formado parte de nuestra memoria histórica. Eran los reyes de los guateques, de los primeros amores adolescentes. Estaban en todas las emisoras de radio, en los programas de la televisión estatal, en algunas películas que veíamos los domingos en sesión doble en el cine del barrio. Admirábamos sus chaquetas de cuero, su talante chulesco, su arrogancia irreverente. Eran los Burning, eran nuestros ídolos. Sus canciones escribieron la crónica de una España derruida que trataba de sacar la cabeza del agujero, y reflejaban las historias de los tipos de los barrios que soñaban con un presente en libertad.

Y de pronto, treinta años después, se suben a un escenario y prenden fuego la sala. La pasada noche eso es lo que paso en la Sala Rockitchen. Un fuego fatuo de amor, rock y sudor. Una bacanal desbordante de emociones que nos produjo un colapso monumental. Johnny Cifuentes sigue siendo lo que era: un gentlman del rock, un artista que expulsa energía ardiente mezclada con whisky añejo. Eduardo Pinilla es un guitarrista vibrante y enérgico, que desde 1.982 ha aportado a la banda estabilidad y talento. Acompañados magistralmente por Carlos Guardado en el bajo, Kacho Casal a la batería, y Pitu a la guitarra rítmica. Un combo que entiende mucho de rocanrol y de transmitir sensaciones. Hicieron un extenso repertorio que contuvo los más grandes éxitos de la banda, y los temas más emotivos e impactantes, que fueron vitoreados por un público heterogéneo compuesto por cuarentones ilusionados e impúberes de nuevo cuño deseosos de experiencias erotizantes. Así pues, fueron cayendo uno tras otros todos sus hits: “Madrid”, “¿Qué Hace Una Chica Como Tu En Un Sitio Como Este”, “Mueve Tus Caderas”, “Esto Es Un Atraco”, “Una Noche Sin Ti”, “No Es Extraño Que Estés Loca Por Mi”, “Mueve Tus Caderas”, “Es Especial” o “Jim Dinamita”.

Un viaje alucinante por un tiempo pasado, que sin duda, en algunos aspectos fue mejor. Un delicioso sueño que durante dos horas, nos transportó al centro neurálgico de los recuerdos más emotivos. Alguien dijo que los viejos rockeros nunca mueren, y seguro lo dijo con buen criterio, porque Burning parece que tendrán un funeral centenario. De momento, tienen nuevo disco a la vista que se va a publicar en breve, y seguro que seguirán dando más tralla y dejándonos soñar una vez más. Antes de la despedida, Johnny nos bañó con la espuma de una botella de champagne, que acabó derramando sobre sí mismo, y sobre sus compañeros. Un brindis al sol por una noche eterna. Después, volvieron a salir a escena para seguir con la faena, porque el rock and roll es eterno, y dura hasta más allá de la madrugada.

CHEMA GRANADOS

 

 

 

1 comment

  1. newyork1898 31 May, 2013 at 10:54

    Genial crónica, estuve allí y lo certifico 100%, pero te ha faltado nombrar a un Inconmensurable Maikol, que regresó a Burning más fuerte que nunca y espectacular como hace vibrar el saxo.

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