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KAISER SOZÉ + NOMAD. SALA WE ROCK. MADRID

La geometría del Hard Rock

Vertiginosa y excepcional noche de hard rock, de la mano de dos bandas del estilo con carácter propio: Kaiser Sozé, y sus dignísimos teloneros, Nomad. El hard Rock es un estilo vital y abstracto en algunos aspectos, donde el ritmo concatenado, los compases fulgurantes, y cierta anarquía emocional, se ensamblan para dar forma a una especie de conmoción subyugante. Cuando la geometría, perfecta y diametral, se alía con estos componente, 2podemos decir que la perfección se adueña de un estilo, donde el sentimiento perturbador  y la melancolía, tienen mucho que decir. Este concepto, extraño en sí mismo, es difícil de entender, quizá ni consiga entenderse, pero puede sentirse en ese punto neurálgico donde tenemos nuestras vías de escape. Sin embargo, estas dos bandas lo entienden a la perfección. Será vocación animal, transgresora, o será que en España hay tan buenos músicos que nos somos conscientes aun de esto. El caso es que la emoción, puede surgir en cualquier momento, en cualquier escenario, una noche cualquiera, donde crees que vas a escuchar el trabajo de dos bandas emergentes, y de pronto, te encuentras con dos combos que te dejan abrumado y delirante.

Nomad abrieron la noche, y en honor a la verdad, fueron unos teloneros dignísimos, volcados por dejarse todo en el escenario, para presentarnos unas canciones que sorteaban varios estilos basados en el hard rock más contumaz, pero también, con influencias muy concretas de grupos con Alice in Chains, Soungarden o Led Zeppelin. Bien situados en el escenario, nos sedujeron con temas como “Outraged”, “Praises”, “Lu”, “Black Days” o “Faith”. Fulgurantes y enérgicos, demostraron garra y personalidad propia, a pesar de que el set list se me hiciera muy corto. Dejaron una excelente imagen, y demostraron, sin ningún género de dudas, estar a un nivel excepcional.

Seguidamente, Kaiser Sozé se adueñó del espacio escénico con un despliegue de grandilocuencia abrumador, tan directo y contundente, que nos dejaron impactados. Desde el primer acorde, dejaron muy claro que íbamos a disfrutar de una noche de esas que no se olvidan. Así es que, como arquitectos exactos e irreverentes, se dedicaron a trazar las líneas de esa geometría a  la que antes aludía, con una precisión milimétrica, un sentimiento abrumador, y una ejecución de primera clase. Abrieron su show con el poderoso “Phenomena” de su último disco “Gods Meat Cult” publicado en 2012. Continuaron con “Firewood”, “Dog”, “Lips To Like” proporcionando las premisas de su carácter y

14su tenacidad, con influencias muy marcadas de Led Zeppelin, pero también, del sonido stoner, el blues más recalcitrante, o el rock de Jimmy Hendrix o Ten Years After, por ejemplo. Temas muy bien medidos, bien estructurados, y sobre todo, genialidad en la ejecución. Siguieron la faena con “Wake Me”, “I, Gonna” “Tony”, “i Just Wanna” “Snake Eyes” “Namasté”  así hasta cumplir su repertorio con la pujanza de una gran banda. Público entregado, gran show, y una cálida sensación de que en nuestro país, hay bandas que pueden hacer un papelón fuera de nuestras fronteras, porque talento y capacidad, no les falta. Destacar así mis mo, la satisfacción de ver entre el público a músicos destacables de la escena, que se preocupan por encontrar valores nuevos, y van a conciertos de compañeros. Allí nos encontramos con Agnes Castaño, vocalista Lilith y Rafa bajista de Lilith, con Carlos Pina, vocalista de Panzer, con Alfredo Piedrafita guitarrista de la extinta Barricada, Alberto Marín guitarra de Hamlet o Rafa J. Vegas, bajista de Rosendo. Se agradece que su presencia revitalice la escena. En definitiva, una noche de hard rock con mayúsculas, donde nos solo disfrutamos, sino que pudimos tener toda una experiencia vitalista, sincera, y comprobar que existe un gran potencial, a nivel profesional y de propuesta, que el público debería de descubrir. Si lees esto, y no conoces estas bandas, te estás perdiendo una experiencia inolvidable.

CHEMA GRANADOS

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