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LOS SUAVES. SALA JOY ESLAVA. MADRID

LA NOCHE DE LA RESURRECCIÓN


Algunos ya se habían ocupado de clavar la tapa del ataúd, y otros, se habían afanado en ponerles fecha de caducidad. Los agoreros y los inclementes, habían pronunciado sus vaticinios oscuros preparados para el relevo. O para la nada, quien sabe. Pero no, Los Suaves, aún no han muerto. Quizá mueran algún día, pero por ahora, ese corazón viejo y desconchado, aún sigue latiendo. Es más, la pasada noche, con la Joy Eslava de Madrid abarrotada, y todo el papel vendido, Los Suaves renacieron de sus propias cenizas. Al menos, para mí, fue la noche de la resurrección. Muchas de sus canciones, han formado parte de mi historia musical, y me han acompañado a lo largo de mi existencia. Son parte de mí, aunque sus estrofas hayan salido de su genio. Muchas de esas canciones son mías, porque las he aceptado, y porque las quiero. Los he visto una docena de veces. En salas, en festivales, en circunstancias muy adversas, y a veces, confieso que me llegaron a desilusionar. Pero lo de la pasada noche, fue algo más que un reencuentro. Hacía tres años que nos los veía en directo, y por eso, quedé completamente impactado. Energía, vitalidad, músculo. Cabrían tantos adjetivos para definir una actuación basada en la pasión y en los sentimientos, que no podría parar. Un show que recogió lo mejor de su producción musical, y que se fundió con los afectos de un público completamente entregado desde el primer compás. Una noche de las que no se olvidan fácilmente. Imposible no rendirse ante aquella descarga de sensaciones incontrolada. Imposible evitar un carrusel de imágenes, fraguadas con el paso del tiempo, en el que Los Suaves son el elemento cohesionador. Son una de las bandas claves para entender la historia contemporánea del rock de nuestro país, y un baluarte de la honestidad y el ideario rock más visceral.

A la hora en punto, y arropados por los acordes de “No Puedo Dejar El Rock”, una canción que ha sido como nuestra declaración de intenciones, Los Suaves aparecían en escena arropado por el bramido del público. Con un sonido pulcro y perfectamente ecualizado, atacaron el tema con entrega. Yosi recibía la atención del respetable, siempre atento a sus histriónicos gestos y sus movimientos acompasados. Con su efigie de anacoreta atávico, y su presencia siempre mayestática, evolucionaba por el escenario como un chamán vehemente y radiante. Y a partir de ahí, la experiencia resulto vertiginosa. Como una especie de seísmo sin freno, una tras otra iban cayendo las canciones extraídas de los mejor de su producción: “Los Sueños Se Van”, “Palabras Para Julia”, Maldita Sea Mi Suerte” “Ciudad Perdición”, “Si Te Atreves A Nacer” “Por Una Vez En La Vida” en el primer tramo del show. El público, bañado en sudor y lágrimas, en el légamo esencial del rock, pedía más y más. Quería ser follado una y otra vez. Más placer, más. Y lo tuvo: “Viajando Al Fin De La Noche”, “Lynott”, “Mártires Del Rock & Roll”, “Pardao” “Llegaste Hasta Mi”, “Siempre Igual”. Brutal.

Los Suaves volvían a sus mejores tiempos. Estaban allí para quedarse. Las guitarras tremendas de Fernando y Alberto, impresionantes y certeras, el bajo multiforme de Charly, la base rítmica precisa y ecuánime de Tino, y el genio irreverente de Yosi. Estos gallegos son testarudos, y tienen muy claro a donde van y lo que quieren. Quieren vivir el rocanrol hasta morir de pasión. Y todos los que estábamos presenciando este espectáculo de sentimientos evanescentes, nos sentíamos dichosos de poder decir: Yo Estuve allí”. Pero aun quedaba más: “Aquella noche, yo estuve allí”. Y por fin, el apoteosis: “Cuando La Música Termina”, “Dulce Castigo” “Dolores” San Francisco Express”, “Afilador” “Peligrosa María” y como colofón “Ya Nos Vamos” y “La Noche Se Muere”. Y esa sensación de haberse reencontrado, después de tantos años, con una de las bandas con más valor sentimental. Celebro la experiencia. Celebro que Los Suaves sean otra vez Los Suaves. Celebro que estén ahí, en la carretera, donde deben de estar, para hacernos la vida más digerible, más electrizante y rebelde. Larga vida a Los Suaves carayo.

CHEMA GRANADOS

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