MAREA + El Portal De Jade


Pabellón de Deportes de La Comunidad de Madrid

8-3-2008

MAREA: Kutxi Romero (Voz) Kolibrí (Guitarra solista) César (Guitarra Ritmica) Piñas (Bajo) Alen (Batería)

15.000 espectadores

Marea doblegó a la capital del Reino.

Los de Berriozar llegaron a la capital del reino envueltos en su halo de humildad callejera. Son gente acostumbrada a vivir sin paliativos, a remover el polvo, a astillarse las uñas defendiéndose de las adversidades. Son hijos de su pueblo, y no necesitan artificios ni grandes sinecuras para vivir. Son auzolanes, que en su tierra significa: los que realizan trabajos comunales compartiendo tareas. Así son. A pesar de arrastrar el cansancio de una extensa gira por el estado y Argentina, pero con las ilusiones encendidas. Y vencieron, contra todos los pronósticos. Llenaron el pabellón de Deportes de la Comunidad de Madrid, con  15.000 seguidores entregados desde el primer acorde. Solo las grandes bandas pueden alcanzar el fragor del éxito.

En su caso, Marea se ha convertido en un fenómeno cultural para los amantes del rocanrol propio. Son un referente. Un ejemplo de humildad y de entrega a la causa, que les ha conferido el derecho a estar en el escenario más favorable de cuantos pueden pisarse. El Piojoso Tour 2008, ha recorrido numerosas localidades con llenos rotundos, acaparando excelentes criticas. No es para menos. Y para muestra, el grandioso concierto que celebraron el pasado día 8 de Marzo en el pabellón de Deportes de la Comunidad de Madrid.

MAREA demostró que un grupo de rock de calidad, que tiene cosas que decir, y dotado de los medios adecuados, puede ofrecer un espectáculo a la altura de cualquier evento internacional, con un planteamiento conceptual del show sin aditamentos, ni espacios recargados, con una luminotecnia eficiente, original y bien diseñada, y un sonido más que sobrado. Pero además, demostraron que el genio y el talento, cuando se poseen, debe saber canalizarse para alcanzar las cotas más elevadas de potencia. Solo el tesón y el espíritu combativo de los navarros, ese amor a la vida y al arte del rock, les han hecho insistir, con corazón y garra, para alcanzar la cima del reconocimiento. Con todo este bagaje, Kutxi Romero y los suyos, salieron a escena para contarnos la historia de su vida. Aquella que, de una u otra forma, encierran sus canciones. Una vida de lucha, sueños y esperanzas.

Abrieron la noche EL PORTAL DE JADE, una banda recién estrenada, con músicos profesionales provenientes de otras bandas, con experiencia y ganas de pelarse el pan, que interpretaron los temas de su último álbum. Ofrecieron un concierto con gran intensidad, dejando relucir el brillo misterioso que acompaña a todas sus composiciones, entregándose con inusitada fuerza sobre el escenario. Sumidos en la emoción de un pabellón ya casi repleto, se emborracharon de este delirio para disfrutar sobre las tablas, aunque el tramo final del set list resultara algo plana.

Media hora más tarde, la iluminación del pabellón se apagó, y los telones se deslizaron suavemente, mientras, detrás de una cortina evanescente de humo espeso resonaba el rugido bronco de una motocicleta. Sobre ella, apareció Kutxi Romero, levantando su puño cerrado, mientras la banda atacaba con “Entre Hormigones”. El gentío, reaccionó con entrega, desde los primeros compases, y se dejó arrastrar por la cólera de la satisfacción. Todos cantaban sus canciones, palmo a palmo, verso a verso. Ni una voz calló. Todos nos entregamos al goce colectivo, al regocijo de unas canciones que han ido tejiendo, con el paso del tiempo y los avatares de la vida, una especie de manto donde dejamos reposar nuestros sentimientos. Y a partir de entonces, fueron fluyendo todos sus iconos musicales: “La Ciudad De Los Gitanos” “Aceitunero” “Marea” “Romance de José Etxailarena”  “Corazón de Mimbre” “La Patera” “Alfileres” “Besos de Perro” “Manuela Canta Saetas” y más, más y más sensaciones. El punto álgido de la noche lo marcaron los compadreos: Vito y Mario de Sinkope, Iraxto, Brigi de Koma, y como no, nuestro entrañable Manolo Chinato y sus poemas prodigiosos.  Y así, como un sueño sin fondo, fueron transcurriendo los minutos igual que palomas invisibles, dejándonos llevar por este flujo inesperado. Cada uno de ellos, contribuyó en modesta medida al resultado final: “El Piñas” no dejó de saltar, correr y cimbrearse.

Kolibrí, emitiendo fuerza e inspiración, aferrándose a sus riffs lacerantes. Alen, machando los tambores con rabia, bebiéndose el ritmo para escupirlo a continuación. César, guitarreando, mascullando notas distorsionadas. Y, finalmente, el cantor de cañerías,  Kutxi, deslizándose como la sombra errabunda de un patriarca gitano, por entre las tinieblas azuladas del escenario. Marea dejan huella, están donde están porque creyeron que lo imposible era posible, que unos muchachos de un pueblo pequeño, muy cerca de Pamplona, también podían materializar sus sueños. Creyeron que la patera atravesaría tempestades, tormentas y maldiciones. Creyeron que había luz más allá del abismo, y acabaron por encontrarla. Y al final del cuento, un pabellón repleto de seres humanos rezumando libertad, cantando a coro sus canciones. La capital del reino rendida a su encanto. Siempre vivos, siempre rocanrol. Marea para siempre.

Reportaje fotográfico: Ignacio Bustillo

bajo bien hecho.

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