OBUS 1

OBÚS. SALA PENÉLOPE. MADRID

Treinta años de carrera y directos, contemplan la historia de una de las bandas esenciales para entender la historia del rock en España. Por sus huesos han pasado cientos de escenarios y de grabaciones, cientos de noches y de duermevelas. La fuerza de su música, y esa identidad canalla, macarra y barriobajera, han sabido enraizar en varias generaciones de rockeros de este país. Su persistencia, ha acabado dándoles la razón, y a día de hoy, Obús se encuentra viviendo las alharacas de un segundo periodo de éxito creciente. El primero, lo experimentaron en la década ochenta formando parte de la movida madrileña, y todo aquél conglomerado cultural en torno a la música que como no, contó con la aportación, no solo de los músicos del underground y el pop, sino de grupos de rock duro y heavy como Barón Rojo y Obús. Terminaban una extensa gira por el país y Latinoamérica celebrando su treinta aniversario,  y quisieron cerrarla en Madrid, en la emblemática Sala Penélope, para encerrarse durante dos horas a cara de perro con todos sus seguidores, haciéndoles vibrar desde los primeros acordes. Con un show perfectamente estructurado, dinámico, henchido de energía, y un sonido brutal y demoledor, arrancaron las pasiones más incisivas de los presentes gracias a su profesionalidad.

Plantearon un set list cargado de himnos y viejas canciones que hicieron las delicias del respetable, pero sobre todo, utilizaron los recursos de una escenografía simplista pero efectiva que aportó al show grandilocuencia. Lo Obús, son así, les gusta currárselo, y el público agradece que el precio de la entrada incluya el resultado del trabajo y el esfuerzo por parte del grupo dando siempre todo a tope. Con los acordes de “Corre Mamón” se separaron los telones con el anagrama de la banda, y desde interior emergieron cual rock stars, Paco Laguna, Fernando Montesinos y Fortu, mientras Carlos Mirat aporreaba con contundencia los parches de su batería instalada en un lateral del escenario. El deliro estalló en la sala mientras los músicos irrumpían en el escenario, y se subían sobre unos pedestales, desde donde lanzaron sus aguerridas notas distorsionadas. Continuaron con “Más Que Un Dios” “La Raya” y “Autopista”. Fortu comenzó a canalizar toda la energía del público, transformando el show en torbellino delirante. Es un artista integral, y maneja su tosco histrionismo con genialidad. Le encanta posar para los fotógrafos, lanzar soflamas, caminar con donaire y chulería,  lanzar zarpazos al aire y mirar con la mirada siniestra. Es un cantante brutal, que conoce todos los recursos para hacer comer al público de su mano. Especial mención a Fernando Mostesinos, un vendaval en escena, muy pulcro y participativo. Y como no, el carisma inquebrantable de Paco Laguna y su singular manera de encandilar el asunto, dando potencia y garra, bajo la presión tumultuosa de Carlos Mirat lanzando trallazos de ritmos imponentes.

Siguieron desgranando su trayectoria con canciones que todo el mundo conocía sobradamente, como “El Que Más”, “Pesadilla Nuclear”, “Juego Sucio”, “Complaciente” o “Cruel” con la que cerraron un primer bloque. Después Ariadna compareció para cantar con el grupo, ofreciéndonos de esta manera el punto emotivo, con la imagen de su padre cantando con ella.  Ariadna canta con dulzura, pero con sobrada aptitud, y su belleza, quedó de manifiesta con la potencia de su presencia. Continuaron con “Cállate”, “La Muerte”, “Que Se Jodan”, “Dinero, Dinero” “La  Moto” y “Vamos Muy Bien”, quizá la canción que más han cantado varias generaciones de españoles. Terminaron con una veintena a chicas hermosas y exuberantes sobre el escenario, entre ellas, la presentadora de televisión, Pilar Rubio que subió para cantar con los Obús. La traca final llegó con “Prepárate” la canción con la que Obús se dio a conocer, y que tantos recuerdos nos trae a todos los que vivimos una de las mejores épocas del rock en nuestro país. Obús,  ya quedara para la historia, como una de esas bandas queridos por unos, y odiados por otros, pero fundamentales en nuestra identidad cultural. Duro y potente, para siempre.

CHEMA GRANADOS

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