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ROSENDO MERCADO, LA LUZ Y LA VIDA

ROSENDO MERCADO, LA LUZ Y LA VIDA

La figura de Rosendo Mercado está circundada por una especie de halo de misticismo callejero y suburbial, que lo convierte en un personaje tan singular, que será recordado como un visionario o como un adalid de los sueños imposibles. Habría que investigar detalladamente el mundo interno de este hombre, para llegar conocer y comprender, la causa y el efecto que expande su carisma intachable. Su figura grácil y su sempiterna nariz, punto insolvente de su fisonomía, se han convertido en un referente del rock contemporáneo de nuestro país. Su existencia ha estado jalonada de ires y venires diversos, de capítulos oscuros, momentos pletóricos, y divergencias anímicas. Fue el alma mater de Leño, la formación que marcó la transición democrática y la movida madrileña con su carácter propio. También fue  el conciliador diario, y el que siempre se asomaba al vacío para calcular el riesgo de la caída. Un personaje que ha trabajado su humildad, y su gentil apostura, con la habilidad del malabarista. Nadie como él supo sintetizar el fragor de las calles, en unos textos insuflados de realidad social, rebeldía y coraje. A lo largo de los años, se ha mantenido impasible, recortando los envites de la desgracia con su increíble capacidad para absorber los méritos, y convertirlos en música. Hay quien ha criticado su forma inconexa y electrizante de tocar la guitarra. Hay quien ha protestado por la supuesta reiteración de los esquemas compositivos de sus canciones. Hay quien le ha restado enteros, anhelando encontrar en la suma final, el número negativo. Habrá incluso que lo considere un personaje variopinto, pero sin lustre. Seguramente, habrá. Pero lo que es irrefutable, es que su presencia en el escenario es luminosa, y obra a modo de revulsivo en el público. Que su capacidad de conexión con sus semejantes, no es de este mundo. Es como si tuviera una especie de duende, que inmediatamente, se afana en encontrar los resortes para comunicar desde su humildad evidente. Yo, a los tipos como el, los llamo genios. Aquellos que parecen estar tocados por la mano más increíble de la vida, y que les reporta una especie de aurea, para llegar más allá de lo inconmensurable. Le debemos el haber puesto al rock en el mapa. El haber puesto la primera piedra en este edificio inquebrantable del rock. Junto a sus compañeros, fundó una de las bandas más eternas de la cultura rock, y su carrera en solitario se ha ido afianzando con autoridad. Su manera de vivir, resultó ser la correcta, la que le dictaba el corazón, y de la nunca se aportó, y creo que a su edad, nunca se apartará. Su semblanza por tanto es la un humilde dibujo, sencillo, pero de líneas bien modeladas, la de un artista que caminado entre la luz y la sombra, entre la realidad de las calles, y la evanescencia de los hados. Nada puede restringir su creatividad, y aunque ha soportado épocas de miseria, de insufrible desesperanza, ha sabido ponerse en pie soportando en peso de sus propios fundamentos. Rosendo Mercado, es la voz que nos conmueve, y que nunca cesa. Es un hombre que se ha ganado nuestra gratitud, con los riff más imposibles surgidos de su mundo interior. Sirva esta humilde semblanza, para rendir homenaje a su figura y a su obra artística, porque a los amigos, a aquellos que nos colman el corazón de buenos momentos, y mejores emociones, hay que ofrecerles lo mejor de nuestras vidas.

CHEMA GRANADOS

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