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AURORA BELTRÁN + WHISKY VIEJO. ORANGE CAFÉ.

 

 

 

Aurora Beltrán durante su actuación en Madrid. Foto: Chema Granados.

 

AURORA BELTRÁN + WHISKY VIEJO. ORANGE CAFÉ

Muchos de nosotros somos conscientes de que la música es un arte, y que por ende, encierra en si misma un gran poder de vehicular los sentimientos más puros, y también, los más impuros. De lo que no somos conscientes a veces, es que la música, no es solamente un cúmulo de sentimientos expresados al aire, más o menos certeros,  y que pueden embelesarnos, subyugarnos, o puede hacernos sentir sensaciones. A veces, la música se convierte en una señal mucha más intima y profunda, que posibilita que nuestras vidas se transformen, por unos instantes al menos, en un edén encantado donde todo es posible. Aurora Beltrán es una artista con alas. No es evanescente, no. Es una artista que se posa dentro de ti y que se arrulla para quedarse eternamente. Sabe volar. Pero también, sabe posarse en tu vida. Ha luchado duramente por mantener el plumaje intacto, aunque a veces, haya rozado contra las aristas afiladas que la vida va interponiendo. Sus alas, son azules. Un color profundo e infinitesimal. Anoche, en Madrid, presentaba su nuevo disco “Museo Púrpura” un disco registrado en directo en la ciudad de Bilbo, y que encierra toda la esencia creativa de una artista que ha ahondado en la poesía profética, en el barullo de los sentimientos más intensos. Vino a la capital de reino con sus alas imperecederas, para posarse sobre las tablas del Orange Café dejándonos el polen mágico de sus versos musicados.

Como preludio, tuvimos la ocasión de deleitar el sabor intenso y áspero de un licor amargo: Whisky Viejo, una banda con carácter que abandera una amalgama de registros que van del rock más clásico, pasando por el blues, el rithyn and blues, o los sonidos más recalcitrantes de Nueva Orleans, ofreciendo un espectáculo donde destacó, no solo su indiscutible habilidad como instrumentistas, sino el ambiente cálido y energético que consiguen crear en directo. Todo un lujo que recomendamos solo a aquellos lectores que busquen degustar sinceramente y sin cortapisas, música de calidad, intensa y sincera. Su set list osciló entre temas de su único disco publicado, y versiones de clásicos, entre los que cabría destacar John Fogerty o Jimi Hendrix. Esta formación tiene mucho futuro, porque bandas como estas son imprescindibles para oxigenar la atmósfera de la escena rockera sobrecargada de elementos nocivos y burdas copias irrelevantes. Todo un lujo.

Después de este prolegómeno especial y cautivador, Aurora Beltrán se subió a un escenario frio y sombrío con su compañera de viaje. Los primeros acordes de “Él Lo Predijo” arrancaron el aplauso del público, que rápidamente reaccionó con intensidad. El set acústico funcionó de maravilla, y las voces de Aurora y Eva empastaban magistralmente. Continuó con “Lujuria”, “Metamorfosis” y la mayestática “Azul” uno de sus temas más célebres recogidos en este disco en directo. Poco le costó encontrar el punto en que la magia de su voz, y el carisma de su mensaje, comenzaran a entrelazarse. Y así, fueron surgiendo temas como “Afiladas Palabras”, “El Gran Juego” “Mañana” “Silencio” o “Clases De Baile”. Para entonces ya estábamos embargados por ese abrazo invisible que te une al artista, que te traspasa el calor de sus sentimientos, atrapados en su tela de araña cristalina e invisible. La nota más emotiva la puso su amiga Mercedes Ferrer, otra de las grandes divas del rock, que subió para cantar “Ojos Trampa” y “Chicas Fuertes”, donde el feeling se estableció de forma natural entre ambas. Después de otro bloque compuesto por “Ordinary World”, “El Chico De La Mirada Asustadiza” y “La Caza” Joaquín Padilla, vocalista de Whisky Viejo y a la sazón integrante de Iguana Tango, subió para colaborar con «Piece Of My Heart» de Janis Joplin, y después «Una Noche De Amor». “Invicta”, un tema que resume la superación y la lucha mas encarnizada contra el vendaval impío de un destino injusto, puso el último acorde para que cayera el telón. Aurora se despedía de su púbico. Su mirada intensa, algo vítrea, quizá por el subidón impreciso de sensaciones, marcaron el contrapunto emocional.

Si algo dejó patente Aurora Beltrán anoche en Madrid es que es una de esas artistas que dejan huella. Y esas huellas indelebles, son eternas. Y sino, para muestra un botón. Mucho antes de la apertura de puertas, había una chica incólume aguardando. Me dijo que había crecido con la música de Aurora, por que sus padres en casa lo ponían a todas horas. Desde que tenía uso de razón aquellas canciones habían formado parte de su vida. Cumplía ese mismo día veintitrés años, y se sabía todas sus canciones. En su cara estaba pintada la emoción más intensa. Esas son las huellas a las que me refiero. Y esas huellas, reitero,  solo puede dejarlas una artista como Aurora Beltrán.

 

CHEMA GRANADOS

 

 

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