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ILEGALES. SALA LA RIVIERA. MADRID

INCOMBUSTIBLES HASTA EN EL INFIERNO

 

Para muchos de nosotros -sobre todos para los que aún conservamos la memoria musical intacta y a salvo de contaminaciones maliciosas- Ilegales es una de las bandas de referencia del rock de este país. Quizá sea un cliché, pero el comentario es sincero y sentido. Estos asturianos, con Jorge Martinez a la cabeza y dando la jeta en todo momento, han llegado a tocar cimas muy altas y, sobre todo, a convulsionar la manera de entender el rock. Allá por 1977 Jorge y Juan Carlos Martinez daban vida al trío Madson, y dos más años más tarde, se transformaría en Los Metálicos. Fue tras la salida de Juan Carlos, que pasan a llamarlos Ilegales. Y partir de ahí, comienza una revolución sin freno que se inicia con el lanzamiento del disco “Ilegales” en 1983 que publicó Epic, y continuaría el año siguiente con “Agotados de Esperar” editado por la misma compañía. Era la década de los 80, e inmersos en plena transformación social, los jóvenes de la época abrazamos sin pestañear este tipo de bandas que nos abrían la puerta a encontrar alternativas a la decadencia cultural reinante, ofreciéndonos un espacio de insurrección, de transformación y de provocación, sobre todo en aquellas canciones de Ilegales donde se daba forma al mundo callejero y marginal como «Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes» o «Yo Soy Quien Espía Los Juegos De Los Niños», y otras de corte nihilista, donde el humor negro o los vaivenes surrealistas subyacen en los textos como “Problema Sexual”.

Han hecho una carrera épica, jalonada de éxitos y medios fracasos, en cuyo camino han ido reclutando fans y enemigos, como no. Sin embargo, el tiempo les ha dado la razón, y han ido reconvirtiéndose, con Jorge Martinez como adalid del proyecto, y han llegado hasta aquí con el cuerpo magullado por las heridas, pero el corazón duro como el pedernal. Cuando en 2011 anuncian el fin de Ilegales, fueron muchos los que se apresuraron a machacar los clavos en el ataúd; sin embargo, en 2.014 anunciaban su regreso, y en 2015 publicaron “La Vida Es Fuego” un disco sólido y contundente. Su último trabajo, “Rebelión” publicado el año pasado, es bajo mi humilde criterio uno de sus mejores álbumes. Así es que regresaron a Madrid, después de llenar el Teatro Barceló en el mes de diciembre del año pasado, y volvieron a agotar el papel en la Sala La Riviera. Son queridos aquí, en el corazón del reino, y eso se nota por la intensidad que fue alcanzando el concierto, que comenzó con fuerza, y terminó siendo una orgía de sensaciones descontroladas. La banda suena como un cañonazo, sólida y engrasada, y el carisma de Jorge se impone con insolencia, para redondear un show muy bien concebido y con un sonido muy meritorio. Pasaron revista a su último trabajo, y por supuesto, fueron desgranando todos los clásicos que los fans demandan en cada directo. Siguen en pie, machándonos, abriendo nuestras conciencias con sus recursos rockeros, y dándonos la posibilidad de flipar durante dos horas, en las que uno no para de cantar, saltar y solazarse con esas cascadas de rock. Gracias por seguir al pie del cañón, y no dejarnos abandonados a la cruel ignominia de las modas.

 

CHEMA GRANADOS

 

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