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MAREA RECIBIÓ EL DISCO DE ORO POR LAS VENTAS DE SU ÚLTIMO DISCO

 

 

MAREA reciebiendo el disco de oro. Foto: Chema Granados

 

Hace trece años los MAREA eran una banda incipiente que luchaba por hacerse oír desde su remota localidad de Berriozar en Navarra. Solo tenían ilusiones y muchas ganas de darlo todo. Fue un día gris de Diciembre de 1.999 cuando ofrecieron su primer concierto en la ciudad de Madrid. Aquél día cayó una copiosa nevada, y tardaron trece horas en llegar hasta la Sala Hebe en el barrio de Vallecas, para actuar ante el público de Madrid. Solo se vendieron doce tickets. En la actualidad, se han convertido en una de las bandas más potentes del estado, llenan pabellones deportivos, han vendido cerca de 500.000 discos en toda su historia, y son quizá, la banda que más público ha congregado en una gira en la historia de nuestro rock. Sin embargo, los MAREA no son una banda de pedestal. Tampoco se han dejado seducir por las ínfulas del éxito, ni se han emborrachado con el licor del desaire. Son generosos. Quieren compartir este éxito con todos nosotros, los que les admiramos como músicos, los que hablamos sobre ellos en los medios, los que compran su disco, los que acuden a sus conciertos, y sobre todo, a aquellos que viven su música como algo propio. Saben estar en la tierra, y ser un compadre más que comparte la vida. Por eso, porque son como son, quisieron estar otra vez en la Sala Hebe, como aquel día, pero esta vez para recoger de manos de su amigo Charly, el bajista de Los Suaves, el disco de oro por esos 30.000 discos vendidos de “En Mi Hambre Mando Yo”. Un disco de oro bien merecido, pero sobre todo, compartido. Todos los allí presentes tuvimos la sensación de que ese disco de oro, también tenía algo nuestro. Ya se encargó de remarcarlo Kutxi Romero cuando quiso dedicarlo a todos los que han participado en su fulgor: es decir, todos nosotros. Todos los que hemos encontrado en las canciones de MAREA una escusa para ser felices, para soñar, para creer en que algunas estrofas juntas, dotadas de armonía, ritmo y cadencia, hay brillo suficiente como para emocionarnos. Son los MAREA, de Berriozar, nuestros compadres.

CHEMA GRANADOS

 


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