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Roban la escultura en homenaje a June, la compañera de Alen, batería de MAREA, fallecida en accidente de tráfico.

LA BANDA NECESITA NUESTRA AYUDA PARA ENCONTRAR LA ESCULTURA SUSTRAIDA

La ignominia humana parece no tener límites, y a veces, se producen hechos desagradables, cargados de inquina que sobrecojen. Sobre todo cuando estos hechos afectan a la memoria de personas que ya no estan entre nosotros. Lo más humano es guardar respeto por los que ya han desaparecido. Es un homenaje sincero que todos deberíamos de guardar. Estos mismos sentimientos no debían latir en el interior de los ladrones que han sustraido la escultura que rendía homenaje a la memoria de June, la compañera de Alen Ayerdi, batería de la banda Marea, fallecida en 2.007 en accidente de tráfico, cuando un desalmado empapado en alcohol segó su vida. June era la encargada del merchandaising de la banda, y a pesar de que en el ultimo año de su vida se alejó un poco de este tema para cuidar de su hijo Ian, la relación que le unia a los MAREA era de profunda amistad; no en vano el estudio de grabación, local de ensayo y centro logístico de la banda estaba ubicado en el sótano de su casa.

Los MAREA están desolados por el suceso y piden la ayuda de todos aquellos que puedan ofrecer algun dato sobre el paradero de la obra. Nosotros suponemos que quien la ha sustraido, lo ha echo para vender el material, por lo que sería imprescindible buscar en chatarrerias de las zonas limítrofes, aunque tampoco puede descartarse la circunstancia de que alguien la haya robado como un «trofeo» tetrico. En cualquier caso, si estas leyendo esto y quieres colaborar en su busqueda, por favor ayuda  a los MAREA a buscar la escultura.

A continuación, los MAREA nos cuentan como sucedió en mortal accidente:

“..June no bebía, ni fumaba, ni tomaba ningún tipo de estupefacientes: nunca, bajo ningún pretexto. La sonrisa de Ian era suficiente para colmarla de esa felicidad que irradiaba. La noche del pasado sábado 17 de febrero no fue una excepción. Salió a celebrar el reencuentro con una amiga íntima con una cena en Pamplona tras la cual, y dado que no había ingerido ni una gota de alcohol, cogió su coche y se dirigió a Larragueta, el pueblo en el que vivía, situado a ocho kilómetros de Pamplona, a encontrarse con su compañero y su hijo que dormían plácidamente sin saber que nunca llegaría a casa. En un cambio de rasante, a quinientos metros de su casa, mientras conducía por su carril, a la velocidad indicada y con toda la precaución que sólo June sabía tener al volante, perdió la vida al chocar de frente con el vehículo de un mal nacido que iba adelantando, invadiendo su carril, borracho, por línea continua y, como ya hemos dicho, en un cambio de rasante, así que la visibilidad era nula. June se ha ido dejando un niño de quince meses y cientos de corazones rotos…”.

Si queréis ampliar detalles acerca de la obra, el autor Iñaki Amatriain Guembe nos detalla su proceso creativo y toda la significancia de la obra:

Creo que ésta es la mejor obra que he hecho hasta el momento si tomamos como referencia la forma.
Fue un encargo del grupo Marea para constatar públicamente cuánto querían a June y para hacerle un homenaje más allá del doloroso sepelio.Conozco a Eduardo, guitarra de Marea, desde hace dos o tres años. Es muy comunicativo, amable, buen vecino. Él y Kutxi estuvieron en la presentación de mi última exposición. Después de suceder la desgracia del accidente de June, reposados ya los desánimos y con la mente centrada, me comentó que querían colocar algo en el lugar del suceso. Eduardo se acordó de mí. Había visto mi Don Quijote y Sancho Panza, le gustó y pensó que tal vez podría hacer algo parecido. Me comprometí a realizar un boceto. Si les gustaba entonces acometería la escultura.
El tema estaría definido sobre todo por los dos delfines tatuados que June llevaba en su espalda como una seña de identidad. La otra parte complementaria tendría la misión de hacer de soporte. Un lauburu o una cruz eran los más adecuados en este caso. Hice los dos bocetos. Me quedó mejor el de la cruz. Estaba más y mejor terminado.
Una de las dudas que me vino al realizar el boceto definitivo era la proporción correcta entre los delfines y la cruz. Los hice en los dos tamaños que se pueden ver en los delfines que saltan bajo el arco iris. Cuando Alén vino a dar el visto bueno al boceto definitivo vio un delfín grande y otro pequeño bajo el arco iris. Me comentó en forma de pregunta que faltaba uno. Creo que ni llegué a decirle que los había hecho para reflexionar sobre la proporción. A cambio le dije: !Bueno, si quieres hago otro! Y así se complementó la carga simbolista que planteaba el tema.
Otra de las cosas que le dije a Alen fue que yo consideraba que tenía que haber contraste entre la cruz y los delfines. Él me reafirmó en la idea. En principio pensaba hacer la cruz en acero inoxidable granallado, pero el contraste no sería muy notable. Tendría que hacerla en acero cortén, en aluminio anonizado en color bronce o en latón.
Aunque esta obra la he pensado, diseñado y realizado yo, Eduardo me había aportado el tema. Me sugirió hacer dos delfines enroscados en una cruz o en un lauburu. Técnicamente eso era imposible para mí y el resultado más cercano es el que se ve.

Alen, sin querer, había terminado de acotar la composición y el tamaño definitivo de los delfines. Kutxi, indirectamente, con sus versos, me dio la respuesta última para elegir el material.
Le comenté a Eduardo que estaría bien colocar alguna poesía de Kutxi en la placa de homenaje a pie de cruz. Podríamos poner, le dije, los versos de la esquela. A mí me había impresionado de ella la frase: » hoy quisiéramos ser grandes como tus brazos abiertos, como nuestros puños cerrados». Eduardo me avisó que si colocaba aquel epitafio tan largo en lugar de hacer una escultura tendríamos que poner un rascacielos. Tenía razón. Kutxi es un poeta, escultor de palabras; las tuerce y las retuerce hasta que encajan. Habría bastado con comentarle que escribiera algo propicio en extensión. Yo entonces estaba pensando más en otros aspectos de la obra que en ese detalle final. Más tarde pensé si podrían valer los versos aparecidos en medio de las canciones del último C.D. junto a la dedicatoria. En ese momento supe que era el latón el material que precisaba para la ocasión. Decían los versos: «June se fue tiñendo la noche de amarillo a lomos de dos delfines que, ya por siempre, galoparán en nuestra memoria tal y como lo hicieron por su espalda: libres» . Días antes había probado teñir químicamente el latón con un producto para oscurecerlo y crear contraste. Teñiría la cruz de oscura noche y dejaría relucir de dorado la punta de sus brazos y la cabecera. June, por encima del arcoiris, vería todo como una estela que dejó, un poco más alta que los delfines que más quiso. Así sería la obra definitiva.
El contraste entre el latón oscurecido y el inoxidable de los delfines, entre el oro del latón y la plata del inoxidable, sol amarillo y luna de plata, era una correspondencia más del contraste entre la triste cruz y los alegres delfines, uno de los animales más hermosos, juguetones e inteligentes de toda la tierra. Esta unión de opuestos era la metáfora final de lo que ya se podía intuir: la tristeza para Alen y Marea por la pérdida de June, y los recuerdos gratos que de ella conservarán en su memoria.
Ya ven cómo y cuánto han contribuido ellos en este póstumo epitafio de brillantes metales, hecho a su gusto, como así indirectamente me lo sugirieron.


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